A Andrés, a pesar de no gustarle demasiado esa chica, era la primera que sabía que decía que le gustaba. Él a ella, me refiero. Por lo tanto, vio una puerta abierta hacia una posible relación. Pasaban los días y Andrés veía que cada vez le gustaba más hablar con ella, aunque, de momento, solo fuese por Messenger. De ella supo que era bailarina desde los cinco años.
Un día, Dani propúsole a Andrés de ir a ver bailar a Marina, lo que él acepto con gran agrado.
-¿Y ese vocabulario?
-¿Qué le ocurre?
-Un tanto arcaico, ¿no crees?
-Como se nota que sigues siendo una cría de 17 años…
-¿Buscas pelea?
El baile fue sobre mediados de febrero. Al llegar a la sala, Dani, Judith y Andrés cogieron asiento en la quinta fila, donde ya estaban, guardando asiento, Aina y Carla. El baile empezó. Andrés trataba de encontrar a Marina pero no la diferenciaba de entre las demás. Todas iban vestidas con un vestido largo, unas de rojo y otras de negro, llevaban el pelo recogido, con un hermoso moño adornado con una rosa, unos elegantes zapatos y, algunas, una rosa en la boca.
-Que guapa que va Marina, ¿eh? –Dijo Judit dirigiéndose a Andrés.
-…No consigo verla.
Judit le lazó una mirada de asombro, pero inmediatamente le dijo quién era.
A los diez minutos, la actuación llegó a su media parte.
-Oye, Dani. ¿Por qué no la llamas al móvil y le preguntas que si puede quedar? –Dijo Aina.
Al cabo de unos instantes…
-Hola, Marina. ¿Dónde estás?
-Hoy estoy ocupada, no puedo quedar.
-Vaya, es una lástima…Estamos viendo un espectáculo de baile aquí en el pueblo.
-… ¿Me habéis venido a ver?
-Jajaja! ¿Te sorprende?
-¿Con quién vienes?
-Judith, Andrés, Aina, Carla y yo.
-¿También ha venido Andrés? Ahora bajo a saludaros.
Tan solo pasaron dos o tres minutos hasta que Marina fue a darles dos besos.
-¿Te ha gustado cómo bailo, Andrés?
Andrés de siempre había odiado bailar. De hecho, nunca había pisado una discoteca. Y lo de ver a otra gente bailar…le aburría bastante.
-Sí, bailas muy bien.
Al acabar la noche, Andrés habló un momento con Marina, a solas.
-Que atrevido se nos ha vuelto el chico de repente, ¿no?
-Estate por el cuento, mujer.
-¿Qué te parece si vamos algún día tú y yo a algún sitio?
-Mañana lo hablamos por Messenger, ¿vale?
Eso dejó a Andrés algo desconcertado. Igualmente, tampoco le dio demasiada importancia.
Al día siguiente, Marina le pidió que la acompañara a comprar ropa junto con Aina y Carla.
-Toni, se supone que un cuento debe ser corto, no tan largo y, encima, sin nudo ni desenlace…
-Sara, me gusta escribir, y tan solo me dedico a escribir lo primero que se me pasa por la cabeza… A parte, se que me quede donde me quede del cuento, mañana volverás a preguntar por Andrés.
-Si…Pero no entiendo por qué mencionas al principio a Natasha y luego no vuelve a aparecer en todo el relato…
-Todo a su debido tiempo…
-…
-Y lo primero es lo primero, voy al lavabo.
-¿Era necesario que me lo dijeras?
-Oye, Sara, tengo sueño… ¿te importa si sigo mañana?
-¿Tan pronto? Va, acaba de contarme el día de compras.
-¿Quién me mandaría empezar esto…?
-Lo siento, llego tarde. –Dijo Andrés.
-Bueno…No hay prisa. –Dijo Marina.
El rato que estuvieron esperando el tren fue eterno para Andrés. Fueron diez minutos sin abrir la boca para nada.
-Bueno, ya está aquí el tren. Subamos.
-Sí, claro. Por cierto, Marina…
-Llámame Mari, por favor.
-¿Y Carla y Aina?
-Suben en la siguiente estación.
Por suerte, cuando ya estaban los cuatro montados en el tren, las conversaciones empezaron a cobrar vida, y, una vez en el centro comercial, parecía que todo iba bien.
Aunque con disimulo, Carla y Aina se las apañaban para siempre dejar a Marina y Andrés solos mirando ropa.
-¿Te gusta este vestido?
-Creo que prefiero ese de al lado, que es mas claro.
El grupo pasó una buena tarde de compras, y parecía que la timidez de Andrés, al verse rodeado de la noche a la mañana por tres señoritas, empezaba a desaparecer.
Una vez se despidieron los unos de los otros, a Andrés le tocó volver andando a casa. Por el camino, para su fortuna, se cruzo con Natasha. Tras un saludo inicial, dos o tres frases intermedias y un saludo final, cada uno siguió su camino. A medida que se alejaban, tanto él como ella giraban la cabeza hacia atrás mirándose mutuamente. Incluso llegaron a cruzar alguna mirada.
-A Natasha le gusta Andrés, ¿A que si?
-¿Pretendes que te revele el final del cuento?
-¿Cuento? Esto más bien empieza a parecer una telenovela.
-Yo, mientras siga pidiendo historia, seguiré escribiendo.
-Me has enganchado…Quiero llegar al momento ese que tiene todo cuento de amor: “Y entonces, se miraron a los ojos y se besaron”.
-Hija… que sosa eres. Debes ponerle un poco mas de sentimiento. “Andrés notaba el grosor de los labios de Natasha, su mirada deseante que alternaba entre sus ojos y sus labios, la yema de sus dedos deslizándose suavemente desde la mejilla hasta detrás de su oreja, para después entremeterse por su pelo…”
-Aix… me vas a enamorar solo con este cuento.
-Jejeje…
-Prométeme una cosa, Toni. No dejes de contarme el cuento hasta que no llegues al final.
-No creo que llegue a ser tan bueno como para hacerte llorar…
-Solo quiero que me describas ese momento.
-¿Sabes? No todo lo que bien empieza, acaba bien.
-¿Qué quieres decir?
-La mayoría de historias de amor, lo son también de desamor.
-¿Quieres decir que no podrán verse más o algo así?
-No todo lo bueno dura para siempre, pero cuando algo bueno se va, siempre viene algo mejor.
-¿Seguirás contándome el cuento, mañana?
-Prometido.
Hace 13 años
