martes, 29 de septiembre de 2009

Buscando la manera


            Hay tantas finalidades a la hora de decir las cosas… Y, a veces, es tan difícil encontrar la manera de hacerlo…
            He pensado en decíroslo uno a uno; ya que, a vuestra manera, sois todos únicos. Claro que, por otro lado, no os considero uno a uno, por separado; sino que un único conjunto, o, en todo caso, un conjunto único.
            Me he planteado, incluso, la posibilidad de ni siquiera decir nada; ya que sólo lo hago por gusto. Claro que, por otra parte, creo que os merecéis unas palabras.
            También, he pensado en, simplemente, daros las gracias; ya que, gracias, puede significar muchas cosas. Gracias significa haber contado con alguien para salir a tomar algo. Gracias significa, también, haber confiado en una persona para contarle su secreto más íntimo y haber dado toda tu confianza a quién te considera su amigo cuando te ha contado su más íntimo secreto. Significa, a más, haber puesto el hombro para cuando alguien ha necesitado apoyarse. Claro que, lo que vosotros hacéis, no tiene palabras.

            Al final, me decidiré por decir lo que pienso, y pensar en decidir qué diré.


sábado, 19 de septiembre de 2009

2.


-Hola Toni.
-¡Anita!
-¿Que tal?
-Bueno… respecto a lo que ayer te conté, más o menos igual.
-Aix… ¿Sabes que no hace falta comerse la cabeza por algo así?
-No es fácil, Sara.
-¿Sabes? Ya se que puede parecer muy cursi, pero uno aprende a levantarse de tanto caerse. No te creas que eres el único que ha pasado o está pasando por eso. ¿Sabes qué hago yo cuando tengo un mal día?
-…
-¿Vives en comunidad?
-¿Qué importa eso?
-¿Vives en comunidad?
-Sí…
¿Y tenéis piscina comunitaria?
-Sara, ¿A qué viene todo esto?
-¿Tienes o no, piscina comunitaria?
-No. No tengo.
-Mmm… Entonces te va a resultar difícil…
-¿Qué es lo que haces tú cuando tienes un mal día?
-Reirme.
-¿Te ríes?
-Me río. Si estoy sola en casa subo a la terraza, cojo aire, y, por muchas lágrimas que me salgan de los ojos, Suelto hasta la última gota de aire en escandalosas y forzadas carcajadas. “JAJAJAJA”
-¿Y si no lo estás?
-Fácil. Me pongo el bikini, bajo a la piscina (que, por cierto, tengo piscina en mi casa), cojo aire, me zambullo, y vuelvo a troncharme de risa.
-Tal vez resulte más fácil chillar o darle un buen puñetazo a la pared.
-¿Por qué dices esas cosas? Chillando lo único que consigues es poner nerviosa a la gente que te rodea, y pegándole puñetazos a la pared no consigues más que abrirte la mano.
-Y a veces abollas la pared… jajaja!
-Toni, parece que tengas doce años… Se de sobras del palo que vais los tíos. Siempre presumiendo de levantar tantos quilos en el gimnasio y de comer tres platos de comida. No me gusta esa clase de chicos. No vas a conseguir impresionarme diciéndome que gracias a tu “mega fuerza mega hercúlea has mega roto una mega pared de uno de tus mega puñetazos”.
-…
-¿Cómo te sientes después de darle un puñetazo a la pared?
-Furioso, con menos ira y mas relajado, pero furioso igual.
-Sin comentar la sangre en los nudillos…
-…
-¿Sabes que? Tú y yo vamos a quedar algún día.
-¿Para qué? ¿Acaso es una cita?
-No vas demasiado bien encaminado…
-Vale. Vale. Lo siento…
-Te traerás el bañador por si hay alguien en mi casa ese día y nos meteremos los dos en la piscina y nos pondremos a reír.
-Pareceremos dos locos…
-Dios los cría y ellos se juntan.
-No se si eso encaja demasiado bien aquí…
-Yo me entiendo.
-Y bueno… ¿no vas a decirme cómo te siente después de reírte en voz alta?
-El próximo día que tengas un mal día, ya me contaras tú qué se siente al hacerlo.
 -¿Y si no?
-Si no, ya me lo dirás cuando vengas a mi casa.
-No veas, ¿no? Nos conocemos desde ayer, y ya me estás invitando a tu casa.
-No te pienses cosas que no son.
-¿A que te refieres?
- Me caes bien, eso es lo que importa. A parte, eres mi cuenta-cuentos.
-…
-Por cierto, Toni.
-Dime, pequeña.
-¿Ya estás discriminando a la gente más pequeña que tú? No me busques las pestañas que me las encuentras, ¿eh?
-¿Pestañas?
-…Cosquillas, una errata.
-Jajajaja!
-Por cierto, ¿al final que pasó con Andrés?
-¿Qué Andrés?
-…el del cuento…
-Ah, vale. Es que no sabía a qué te referías. ¿En serio lo quieres saber?
-Las cosas que se empiezan, se acaban.
-Jaja! Bien dicho.

jueves, 17 de septiembre de 2009

1.





Hace ya algún tiempo, una chica me pidió que le contase un cuento. Le comenté que no me sabía ningún cuento más que el de cenicienta, pero ella enseguida me dijo que quería algo nuevo, algo improvisado. Para entonces, ya me había acostumbrado a contar cuentos, pero nunca hubiera imaginado hasta que punto podría llegar algo así. Era una chica que hacía escasos minutos había conocido, aunque ya habíamos comentado alguna que otra cosa sobre algún que otro tema. Esta chica me dijo que era muy fría, que le costaba muchísimo emocionarse, y que para nada le era fácil llorar. De manera que me propuso contarle una historia que pudiese hacerla llorar.
A esta chica, que Sara se llamaba, le habían comentado que se me daba muy bien explicar cuentos. De modo que empecé un poco en plan coña a contarle el cuento:
Érase una vez un chico que se llamaba Andrés…
-Espera, espera. Tengo 17 años y quiero un cuento para llorar, no uno para bebés.
-Calla y escucha.
            Para familiarizarnos con él: era un chico más bien alto, cerca de los dos metros. No estaba exageradamente fuerte, pero se le marcaba bien la fibra. Tenía el pelo castaño y unos ojos del mismo color. Entonces, todavía llevaba el pelo algo larguillo.
Comenzaremos la historia en un frío mes de Enero, sobre la tercera semana de mes, en una aburrida mañana de colegio.
-Ostia, Ignaci, tio, estic molt aburrit, eh?
-Ja veus, Andreu... Escolta, ja se que en aquesta classe no hi ha gaires noies, pero quienes trobes que están bones?
-Doncs, sens dubte, l’Ana i la Natasha, i potser la Miriam.
-I ara! La Natasha?
-Si, tio… trobo que está força bona.
En verdad, a él, esta chica, Natasha, comenzaba a gustarle bastante.
Andrés siempre había sido un chico muy tímido y callado. Además, de pequeño había sufrido bulling en el colegio, lo que le dificultó mas su relación con los demás niños, cuanto mas si se trataba de una chica.
Andrés y Natasha no solían hablar demasiado. Tan solo se dirigían de tanto en tanto la palabra cuándo había una tercera persona en la conversación. Hubo un día, después de un examen de filosofía, el cual fueron ellos dos los primeros en terminar, que, esperando en el pasillo al resto de la clase, si que entablaron algo de conversación. A pesar de ser una charla un tanto estúpida y sosa, empezó por ser un principio.
            A pesar de todo, Andrés veía a esa chica fuera de su alcance. Lejos de lo que su carácter le permitía conseguir, más aún cuando jamás, exceptuando a Rita, su mejor amiga, había tenido ningún tipo de contacto con una chica que no fuera su madre o su hermana.
-Oye, Andrés, ¿te apetece venirte el sábado por la noche a cenar con unas amigas? Así te presento a mi novia. –Dijo Dani, un compañero de clase.
-¿Me presentarás amigas? Jejeje… La verdad es que tengo ganas de conocer a chicas. ¡Me apunto!
            Aquél sábado, a finales de mes, fueron a cenar unas pizzas en una pizzería del pueblo.
-Aina, este es Andrés. Andrés, esta es Aina. Y ellas son Marina y Carla. Ella es mi novia, Judit.
-Hola, encantado.
-Igualmente. –Dijeron todas a la vez.
No fue una noche demasiado interesante para Andrés. El estaba convencido de encontrar, de una manera u otra, su primera chica, pero la vergüenza le podía.
Tras acabarse las pizzas y hablar un poco sobre el instituto y las malas instalaciones del restaurante, decidieron marcharse cada uno por su lado, para casa. Al día siguiente, Dani le pasó el Messenger de las tres amigas a Andrés, y posteriormente le preguntó si le había gustado alguna. Él, tras vacilar varios segundos, respondió claramente que no.
-Es una pena, tio.
-Marina me ha dicho que eres bastante guapo, que quiere quedar más veces contigo.
-¿En serio?
-Sí, pero me extraña bastante: lo acaba de dejar con el novio.
-Oye…
-Dime!
-¿Cómo te llamas?
-Toni.
-Toni, mañana seguimos hablando, ¿vale? Me voy a dormir.
-Lo siento por el tostón de cuento… pero es que cuando comienzo a escribir no paro.
-Jaja! Tranquilo. Mañana hablamos. Buenas noches!
-Buenas noches, preciosa.
 

                                                                  

Motivos..?

Me gusta escribir. Y me gusta escribir lo primero que se me pasa por la cabeza...
Supongo que me gusta que critiquen lo que escribo y, a parte, quiero publicar de alguna manera u otra mis historias y textos. De este modo espero poder matar dos pájaros de un tiro.