jueves, 17 de septiembre de 2009

1.





Hace ya algún tiempo, una chica me pidió que le contase un cuento. Le comenté que no me sabía ningún cuento más que el de cenicienta, pero ella enseguida me dijo que quería algo nuevo, algo improvisado. Para entonces, ya me había acostumbrado a contar cuentos, pero nunca hubiera imaginado hasta que punto podría llegar algo así. Era una chica que hacía escasos minutos había conocido, aunque ya habíamos comentado alguna que otra cosa sobre algún que otro tema. Esta chica me dijo que era muy fría, que le costaba muchísimo emocionarse, y que para nada le era fácil llorar. De manera que me propuso contarle una historia que pudiese hacerla llorar.
A esta chica, que Sara se llamaba, le habían comentado que se me daba muy bien explicar cuentos. De modo que empecé un poco en plan coña a contarle el cuento:
Érase una vez un chico que se llamaba Andrés…
-Espera, espera. Tengo 17 años y quiero un cuento para llorar, no uno para bebés.
-Calla y escucha.
            Para familiarizarnos con él: era un chico más bien alto, cerca de los dos metros. No estaba exageradamente fuerte, pero se le marcaba bien la fibra. Tenía el pelo castaño y unos ojos del mismo color. Entonces, todavía llevaba el pelo algo larguillo.
Comenzaremos la historia en un frío mes de Enero, sobre la tercera semana de mes, en una aburrida mañana de colegio.
-Ostia, Ignaci, tio, estic molt aburrit, eh?
-Ja veus, Andreu... Escolta, ja se que en aquesta classe no hi ha gaires noies, pero quienes trobes que están bones?
-Doncs, sens dubte, l’Ana i la Natasha, i potser la Miriam.
-I ara! La Natasha?
-Si, tio… trobo que está força bona.
En verdad, a él, esta chica, Natasha, comenzaba a gustarle bastante.
Andrés siempre había sido un chico muy tímido y callado. Además, de pequeño había sufrido bulling en el colegio, lo que le dificultó mas su relación con los demás niños, cuanto mas si se trataba de una chica.
Andrés y Natasha no solían hablar demasiado. Tan solo se dirigían de tanto en tanto la palabra cuándo había una tercera persona en la conversación. Hubo un día, después de un examen de filosofía, el cual fueron ellos dos los primeros en terminar, que, esperando en el pasillo al resto de la clase, si que entablaron algo de conversación. A pesar de ser una charla un tanto estúpida y sosa, empezó por ser un principio.
            A pesar de todo, Andrés veía a esa chica fuera de su alcance. Lejos de lo que su carácter le permitía conseguir, más aún cuando jamás, exceptuando a Rita, su mejor amiga, había tenido ningún tipo de contacto con una chica que no fuera su madre o su hermana.
-Oye, Andrés, ¿te apetece venirte el sábado por la noche a cenar con unas amigas? Así te presento a mi novia. –Dijo Dani, un compañero de clase.
-¿Me presentarás amigas? Jejeje… La verdad es que tengo ganas de conocer a chicas. ¡Me apunto!
            Aquél sábado, a finales de mes, fueron a cenar unas pizzas en una pizzería del pueblo.
-Aina, este es Andrés. Andrés, esta es Aina. Y ellas son Marina y Carla. Ella es mi novia, Judit.
-Hola, encantado.
-Igualmente. –Dijeron todas a la vez.
No fue una noche demasiado interesante para Andrés. El estaba convencido de encontrar, de una manera u otra, su primera chica, pero la vergüenza le podía.
Tras acabarse las pizzas y hablar un poco sobre el instituto y las malas instalaciones del restaurante, decidieron marcharse cada uno por su lado, para casa. Al día siguiente, Dani le pasó el Messenger de las tres amigas a Andrés, y posteriormente le preguntó si le había gustado alguna. Él, tras vacilar varios segundos, respondió claramente que no.
-Es una pena, tio.
-Marina me ha dicho que eres bastante guapo, que quiere quedar más veces contigo.
-¿En serio?
-Sí, pero me extraña bastante: lo acaba de dejar con el novio.
-Oye…
-Dime!
-¿Cómo te llamas?
-Toni.
-Toni, mañana seguimos hablando, ¿vale? Me voy a dormir.
-Lo siento por el tostón de cuento… pero es que cuando comienzo a escribir no paro.
-Jaja! Tranquilo. Mañana hablamos. Buenas noches!
-Buenas noches, preciosa.
 

                                                                  

Motivos..?

Me gusta escribir. Y me gusta escribir lo primero que se me pasa por la cabeza...
Supongo que me gusta que critiquen lo que escribo y, a parte, quiero publicar de alguna manera u otra mis historias y textos. De este modo espero poder matar dos pájaros de un tiro.